T

odos estaréis de acuerdo conmigo en dos cosas con respecto al sexo:

*Que mata pasiones viejas.

*Que mueve a pasiones nuevas.

Sin duda alguna, el ser humano durante la época en que su sexualidad le exige a tope la práctica del sexo, y aún dependiendo de algunos factores de tipo educacional o religioso, en el hombre, la excitación y la libido se producen en todos los casos de una forma mecánica, es decir: el deseo llega a través de los sentidos corporales: Vista, oído, olfato, gusto y tacto. Los sentidos de tipo espiritual juegan un escaso papel, salvo en casos muy específicos de conciencia, casi obsoletos en la civilización occidental de hoy.

Llegar a amar a una persona después de 40 años de matrimonio más que en la noche de bodas, es algo que quizás no lleguen a comprender esas miles de parejas que se separan a los pocos años de su unión, pero voy a explicar el por qué de que una pareja lleguen a quererse tanto o más que el primer día.

La primera premisa para que suceda este milagro, es que en ambos cónyuges se pierda el deseo carnal; fantasma que ha rondado durante muchos años por las cabezas de los dos, y que en mil contingencias y bretes ha puesto su relación y felicidad. O que ese deseo sea tan débil, que los cerebros hayan comprendido que ya no merece la pena dejarse arrastrar por sexo. A este estado sólo se pude llegar con los años, pero llega irremisiblemente.

Cuando la etapa de furor sexual está en su máximo esplendor, y los deseos carnales son tan enormes, y que no pueden ser satisfechos en su totalidad por la pareja, en la mente del hombre y de la mujer se forman tales cúmulos de fantasías que irremisiblemente entran en acción terceras personas. Aquí, precisamente en esta etapa es cuando entran en colisión los sentimientos corporales con los espirituales, y se producen las rupturas cuando los segundos no han podido superar o vencer a los primeros. La carne ha vencido al espíritu.

Aún siendo muy fuertes en la pareja los sentimientos carnales buscando la satisfacción sexual en terceros, si los espirituales son también muy fuertes y arraigados, es necesario un laudo entre ambos; llegar al equilibrio para no caer en el vacío de la incomprensión. La total y absoluta confianza y sinceridad se impone sobre todas las demás consideraciones. Hasta las más aberrantes fantasías deben ser conocidas por los dos, y encontrar las fórmulas para llevarlas a cabo pero con la total y absoluta complicidad: sin celos, sin reservas (si no atentan contra la dignidad de la persona), y sin tapujos ni falsos pudores.

Los sentimientos del alma: bondad, comprensión, tolerancia, ternura, devoción, fervor, paciencia, aguante, resignación, estoicismo, filosofía, etc. etc. han sobrevivido a las miserias del cuerpo. ¡Aleluya!

Prepárese la pareja que ha llegado a este estado a vivir la última etapa en donde la armonía, la amistad, el cariño, el apego y la adhesión serán las que reine en sus vidas.

Que lleguéis todos a esta etapa.