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arece una incongruencia esta afirmación, pero tiene un fundamento que es lo que voy a tratar de razonar.
Está absolutamente claro y fuera de toda duda, que el hombre no ha creado nada de lo que la Naturaleza ha puesto en su entorno; ni ¡por supuesto! a él mismo. De ahí su eterna pregunta: ¿De dónde vengo, y a donde voy? Y esas preguntas alguien tenía que responderlas para poder dar sentido a su existencia.
Si el hombre no tuviera la facultad de pensar y razonar, sería un animal irracional más del planeta Tierra, y sólo viviría para alimentarse; pero al tener las capacidades que da el pensamiento, irremisiblemente ha de plantarse ante si mismo su creación y existencia.
Al darse la circunstancia, que dentro del pensamiento, existen miles de formar de analizar los acontecimientos del entorno, y otras tantos niveles de razonarlo, indefectiblemente han de chocar unas formas con otras, y se impondrán aquellas que por las formas o por la fuerza sean las admitidas por los demás.
Y por eso el hombre, sin saber quien era su creador, si tuvo la necesidad de crear dioses que avalaran sus tesis; no podría sostener sus principios sin convencer a los demás de la existencia de una fuerza superior creadora del mundo. Y así nacieron las religiones.
Pretendo analizar la Religión Católica desde la óptica del siglo XXI, no desde su creación hace dos mil años; ya que me perdería en sus conceptos, puesto que han sido tantas las aberraciones que han cometido “sus representantes” en la Tierra, que la condena sería absoluta.
Pero como todo en esta vida se puede pesar, medir y comparar, base de toda lógica, las otras religiones que superviven en este siglo, no le van a la zaga en aberraciones; por lo que el juicio final de todas, podemos definirlo como la cita de Karl Marx. “La religión es el opio del pueblo”.
Todas las religiones tienen que definir muy claramente los conceptos del bien y del mal; y representarlos con símbolos, puesto que no tenerlos claros, el ser humano sería lo que sus instintos le dictaran; y de aquí surgió algo que no se sabe que es porque es invisible: EL ALMA.
El alma, no es ni más ni menos que los sentimientos que al ser humano se le han inculcado desde que tenía uso de razón; aquello que le han dicho que es pecado y negativo para su existencia, y que de contravenirlos, será castigado en la otra vida. Pero no son nada más que normas de convivencia, para que la vida no sea un caos; igual que las leyes materiales o civiles, pero en este caso; leyes divinas.
Digo que creo en la Iglesia Católica, porque interpreto, que, de todas las religiones existentes, es la que imprime más lógica y razón al hombre en su paso por la vida. Se podrá no creer en sus dogmas, (como yo no creo en ellos); pero si creo, que no busca del ser humano nada material, intenta llevarle una serie de percepciones para hacer de él un modelo de conducta social, basado en la espiritualidad de sus doctrinas.
Creo que el hombre debe seguir en su paso por la vida, unos cánones muy definidos, basados en el respeto, la solidaridad, la misericordia, la piedad, la indulgencia, la tolerancia, la paciencia... y demás sentimientos basados en lo que todos comprendemos que son las virtudes del ser humano.


lanousfera
15 mar 2009 | 10:39
Hola, Encontré tu posts por que se relacionaba con el mio. Lo he leído y me parece bueno este enfoque tuyo de valorar la iglesia no por sus dogmas sino por sus valores, reglas de oro para la convivencia humana. Sin embargo, ¿porqué sólo mirar la católica como el punto más alto en la escala de ejemplos religiosos? Hmh, fuera de las religiones positivas también se encuentran un cumulo de valores que la católica no rescata y, por lo tanto, el estado, su fiel admirador, y es que el patriarcado y las jerarquías son tremendas.
saludos