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os conflictos por la ubicación de los símbolos religiosos en colegios e institutos esta servido; al ser España un estado aconfesional por una parte, y por otra, una mezcla de culturas y religiones que conviven en esos centros, inevitablemente han de darse los problemas en torno a los mismos como los de Valladolid.

Aporto una solución democrática que no puede ofender a nadie, y es tan simple como “el huevo de Colón”. Los alumnos que crean que esos distintivos religiosos, aportan a su fe algún tipo de creencia, y les dan confianza en sus labores el portarlos en sus neceseres privados, ¡que los porten!

Y aquellos que prefieran llevar las estampas de las actrices, actores, o cantantes de sus preferencias, que los lleven en cubiertas de sus cuadernos, libros o mochilas, ¡que los lleven!

Pero en los recintos en donde se imparten las clases, no se exhiban nada más que aquellos elementos propios de la actividad allí desarrollada.

Sin embargo, a pesar de ser una medida muy democrática y justa, mucho me temo, que no faltará el “matón de la clase” o el “chulín del patio”, que amenace a los débiles con palizas, sino se desprenden de aquellos símbolos que llevan en sus pertenencias escolares personales.

Y aquí si es donde el conflicto tomaría dimensiones más graves. ¿Prohibiría un juez que un alumno llevara una pegatina del Sagrado Corazón de Jesús en su cuaderno? ¿Molestaría al compañero de pupitre esas pegatinas?

Al final, creo yo, que es un problema más de “huevos” que de tolerancia. Y ese camino no es el más apropiado para fomentar las relaciones entra las diversas culturas.