No creo en Dios, pero si creo en el hombre. Y si ese hombre actúa en la vida conforme a unas normas en las que el derecho a la vida desde el momento de su concepción, y la familia partiendo de un hombre y una mujer, son la base de una sociedad; acepto esa obligación como la más racional para el ser humano.
La Eucaristía celebrada ayer en la plaza de Colón de Madrid, demuestra, que, los conceptos del catolicismo están tan arraigados en los corazones de millones de personas, que al igual que hace siglos, la Iglesia Católica es el norte de y guía de esos corazones españoles, y nadie, absolutamente nadie, es capaz de desviarla ni destruirla.
Ignoro si es Dios el que da y quita la vida, puesto que no tengo fe en lo divino. Pero lo que tengo claro como luz del día, que no concedo a ningún mortal, apropiarse el derecho de dar o quitar la vida a otro ser humano.
Por lo tanto, bienvenidos a mi, todos aquellos que desde su fe defienden la unidad de la familia, y el amor a todo signo de vida.