Disculpen aquellos que siguen creyendo con la mayor voluntad de sus corazones, al que desde hace un año, no hace nada más que ocultar la verdad de una situación que va a llevar (o ya está llevando) a la ruina a muchas familias. Una demostración evidente de lo que digo, lo confirman las declaraciones recientes de la señora Vicepresidenta del Gobierno:
“Ninguna familia española quedará abandonada”.
¿Y a que vienen esas declaraciones, doña Teresa?
¿Pues no dijo el señor Presidente hace unos meses, que la renta per cápita de los españoles era de las más alta de Europa, y envidia de italianos y de sus amigo Nicolás? ¿Y que la situación financiera española era muy sólida?
Vamos a ver en que consisten esas declaraciones de no dejar a ninguna familia abandonada. Quizás quiere decir que...
*¿Las familias que no puedan hacer frente a sus hipotecas, no se les va a embargar sus pisos, y se les va a proteger económicamente hasta que encuentren un empleo estable, todo del tiempo que haga falta?
*¿Qué ese millón de personas en el paro sin derecho a subvenciones, sin familiares que les protejan van a recibir la protección ilimitada del Estado hasta que regulen sus situaciones laborales?
*¿Qué a los que se ven abocados a recurrir a buscar comida en los contenedores desechos, o comer en comedores de Cáritas, se les va facilitar los medios económicos para evitarles esa situación?
¡Por favor, doña Teresa! Diga exactamente en que va a consistir esa protección a las familias españolas para que ninguna se vea abandonada a la ruina económica.
*¿Quizás van a hacer como con los bancos? ¿Sacar miles de millones de euros da la Casa de la Moneda?
Me resulta patético y repugnante, escuchar a estos socialistas montados “en el dólar”, como dicen resolver los problemas de los que sus gestiones han llevado al paro y a una situación crucial para sus vidas. Pero la asquerosa realidad, que en este País, el de la renta per cápita más alta de Europa, y la envidia de Sarkozy, oficialmente más de tres millones de personas, viven al borde de la indigencia.
Y lo más grave: se resignan a su suerte. Pues ya sabéis: AJO Y AGUA.


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