La democracia, sin duda, es el sistema político más ecuánime de todos los conocidos por el ser humano; pero también puede ser el procedimiento más eficaz para manipular, intoxicar y engañar a un pueblo.
La auténtica democracia es aquella que los ciudadanos "la fabrican", es decir: cuando saben distinguir perfectamente donde se halla el bienestar y el progreso de todos, no de unos segmentos o facciones de la sociedad. Es muy difícil manipular sus conceptos democráticos, e imposible intoxicar sus mentes con artes aduladoras y sibilinas; por eso saben elegir a los auténticos gestores de la "cosa pública". Aquellos políticos arteros, no tienen cabida en la auténtica democrática.
Las democracias en donde los políticos "fabrican" las conductas de los ciudadanos, sin duda son democracias bananeras o tercermundistas, más parecida a dictaduras, ya que la tendencia del poder es eternizarse a través de leyes y decretos confabulado con poderes minoritarios, que adquieren dimensiones extraordinarias al ser imprescindibles al formar las connivencias.
En los países donde existan "tribus" más que sociedades integradas en un proyecto básico común, se da necesariamente el primer caso: es decir: "La democracia fabrica a sus ciudadanos", ya que los proyectos del poder establecido, sólo cuentan los que emanan de sus principios, no del conjunto social. La Prueba: pueden valer más un millón de votos adheridos al poder que origen seis escaños, que diez millones que originen ciento cincuenta, sin minorías que se lo concedan.
En "las democracias que fabrican ciudadanos", las fuerzas mayoritarias necesariamente han de estar continuamente buscando las formas de gobernar que les consoliden en el poder, y la única forma que tienen, es la de difamar a las fuerzas opositoras, no en sus propios aciertos. Es decir: la continuidad de un gobierno no se halla en sus gestiones, éstas pasan desapercibidas para sus adeptos, se hallan, en las formas empleadas para abatir y derribar a los que se oponen a sus proyectos sectarios, no generales.
Y en donde los ciudadanos "fabrican" la democracia, aquellos políticos que no cumplen las reglas más básicas para dirigirlos, o sus pasados contienen algún tipo de falta o delito fiscal, son fagocitados por el sistema. Lo acabamos de ver en los EE.UU. con la célebre frase de Obama. ¡La cagué!*
Por eso en España, ningún presidente de gobierno, jamás dirá "la cagué". Porque sin duda, son los políticos "más listos del mundo".

*Obama ha asumido toda la responsabilidad en el error de nominar a Tomo Daschle como secretario de Salud Pública. "La cagué", dice textualmente el presidente en sendas entrevistas a las cadenas NBC y CNN. Y es una traducción suave. El verbo "screw up" tiene un matiz sexual más fuerte. "Estoy enfadado, decepcionado y frustrado. Hoy ha sido un día vergonzoso para nosotros".