Ver la Iglesia como algunos la ven: una institución maligna que pretende destruir los conceptos del Comunismo, para mi, es exactamente lo mismo que lo que pretende el comunismo: destruir los conceptos de la iglesia. La historia ha demostrado sobradamente estas afirmaciones, con la diferencia que la Iglesia lleva dos mil años subsistiendo a todos los eventos sociales; el Comunismo va de "capa caída".

La Iglesia pretende que el ser humano responda a los principios para lo que fue creado: el amor. El Comunismo intenta que el hombre se realice según sus instintos, sin trabas ni cortapisas. Y lo que podría ser una simbiosis perfecta: la comunión de ambos conceptos al servicio de la humanidad, son dos nociones antagonistas que han luchado a muerte desde que "tuvieron la desgracia de conocerse".

Lo negativo de ambas ideologías, es que se han tenido que imponer a través del imperio del miedo, no fueron capaces de imponer sus filosofías como sus fundadores instruyeron: Jesús predicando el amor, y Marx la solidaridad y la igualdad. ¡Qué conceptos más maravillosos! parecen consustanciales, de la misma materia y espíritu, y sin embargo, los sucesores de Cristo y Marx, no supieron o no pudieron imponerlos con predicamentos, tuvieron que aplicarlos "cortando cabezas".

Olvidemos el pasado y centrémonos en el hoy. ¿Qué misión tiene la Iglesia y el Comunismo?

El fundamento del Comunismo es el materialismo, y el de la Iglesia, el espiritualismo; entonces es cuando desde estos conceptos se puede entender el antagonismo entre ambos. El meollo de la cuestión se halla en lo que el ser humano entiende por el bien y el mal.

El Comunismo cree que el mal es todo aquello que se oponga a sus albedríos. El célebre eslogan anunciado en autobuses urbanos de que "posiblemente Dios no existe" e invita a vivir la vida sin frenos ni cortapisas, es una muestra de ello. Sin embargo, el instinto del ser humano, sobre todo en las postrimerías de su existencia, una especie de luz interior le dice, que, algo existe después.

De ahí la reflexión que se hace el hombre cuando empieza "a caminar por el Paseo de los Cipreses"; se da cuenta, o intuye que la mayoría de sus acciones anteriores, han sido vacuas, sin sentido, no le han construido su futuro, se lo ha destruido. Lo triste, que el ser humano, ha de llegar a la senectud para darse cuenta del vacío de su vida anterior.

La Iglesia pretende dar un sentido a la vida del hombre. Y no hace falta ser creyente, para entender, que esa pretensión es positiva, que todo lo material es pasajero y que se consume. Y tampoco hace falta el "temor a Dios" para aceptar que sus predicamentos son en definitiva lo que todos quisieran para si; pero el egoísmo, se encarga de eliminar las resonancias del espíritu.

El bien no se halla en los deseos, se encuentra en donde cada persona no desea para otro lo que no desea para ella.