Valerse del poder para determinar lo que otro tiene o no tiene que decir públicamente, es propio del fascismo o el comunismo, pero nunca de la democracia. Esta tiene los medios adecuados para enjuiciar aquellas noticias que atenten contra el honor de las personas, en los medios que utiliza los que manejan medios de difusión.
También puede prescindir de los comunicadores las empresas que los contrata, por los motivos que determine, y que suelen ser por de falta de rendimiento a la misma, y generalmente, porque sus sistemas han caducado, ya no interesan a la audiencia.
Me resultaría repugnante y asqueroso, que hoy en España, después de más de 30 años de democracia, pueda existir "un caudillo" del signo o del color que sea, con el poder de callar la boca a los que les molesta sus palabras.
Si los que se les llena la boca de decir, que ellos han luchado durante el Franquismo por la libertad de expresión, hoy desean callar a los que dicen cosas que desagradan a esos "caudillos", nos hallaríamos exactamente igual que en la dictadura. Que a Federico Jiménez Losantos le eche su propia incongruencia, su propia inanición, o la caducidad de sus mensajes, pero nunca en Democracia una fuerza superior a ella.
Posiblemente, muchos de los que apunté antes, esos que dicen que han luchado en este País por la libertad de expresión, se froten las manos de contento por la noticia de que Jiménez Losantos le cesan en el programa "La Mañana" de la COPE.
Seguramente que la libertad de expresión por la que dicen han luchado, es la de ellos, no por la de Federico y millones de españoles.


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