Las características de las democracias marcadas por conflictos y contiendas no superadas, como por ejemplo la nuestra, irremisiblemente se producen fricciones más bien de tipo personal, sectario o partidista que político; dándose el caso ¡terrible caso! que no existe una idea clara de lo que es una verdadera democracia ya consolidada, como por ejemplo son las de los Estados Unidos, Francia, Reino Unido o países Bajos y Nórdicos.
Cuando un país está divido en su concepción más básica o primaria, por mucho que quiere ser democrática esa sociedad, nunca se podrá poner de acuerdo en lo fundamental: su concepto nacional. Y si el concepto de nación no corresponde a un sentimiento común, es imposible que el concepto de democracia en su más pura esencia, pueda asentarse en esa sociedad.
Muchas personas no pueden reconocer ni reconocerán mientras vivan, que la derecha actual pueda ser democrática; ya que según ellas, proviene del Franquismo, o son sus herederos; y se crea un silogismo cuya conclusión es que mencionada derecha no puede ser aceptada como apta para vivir en democracia.
Las democracias asentadas y consolidadas de fundamentan en conceptos muy diversos, pero aceptados por todos como "las reglas del juego que hay que respetar por encima de todos las concepciones partidistas".
Un síntoma muy positivo que indicaba que la democracia se podría consolidar en España, fue cuando en el Parlamento se sentaron representantes de la extrema derecha y de la extrema izquierda sin que se amenazaran a muerte como ocurrió en el pasado. Y cuando la intentona de golpe de estado en 1981 fue repelida por todas las fuerzas políticas sin excepción, y se manifestaron codo con codo en afirmación de repulsa.
Hoy, al cabo de más de 30 años de la aceptación de la Carta Magna para todos los españoles, algunos jueces y políticos, pretenden "poner las cosa claras" de lo que pasó hace 70 años. Obvio decir, que "esas cosas claras" no son ni más ni menos que las que ellos quieren aclarar. Y eso ha vuelto a revivir lo de: "las dos Españas": una democrática a decir de algunos, y otra autoritaria, a decir de los mismos.
La libertad de expresión, sin duda es uno de los pilares que sustenta la democracia, pero cuando ésta no es capaz de aclarar de una forma evidente aquellos eventos que la enturbian, como son la corrupción y el terrorismo; quedan los ciudadanos llenos de sombras y dudas ante esos terribles acontecimientos; por eso salen voces que desde sus tribunas públicas se erigen en paladines de esos sentimientos; Voces y voceros que recogen esas emociones, y los propagan a los cuatro vientos, con la satisfacción de unos, y las aversión de otros.
El gran escollo de la democracia española, es que no tiene identidad común, como la tienen las grandes democracias consolidadas. ¿Quién está por encima de La France? ¿O del 4 de Julio en los Estados Unidos? NADIE.
Aquí unos dicen: "La puta España" y otros se ríen. Los que portan la bandera nacional en sus expresiones emocionales, son "fachas". Y si te opones a los conceptos de una minoría, te pueden pegar un tiro en la nuca.
¿Cómo podemos medir la libertad de expresión en estas circunstancias?


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