Conozco a varias personas de mi entorno que están a favor del aborto libre, y por la abolición de las corridas de toros. Y uno aunque ya está curado de espanto, y sabedor que de la mente humana pueden salir lo más espeluznante que se pueda imaginar, hay aspectos que cuesta mucho entenderlos.

¡Cómo es posible que se pueda estar a favor de la vida de un animal y en contra del nacimiento de una persona! Es viable desde las razones más incongruentes y más sectarias se pueda dar esa terrible contradicción.

El término abolir, debería ser retirado de los términos democráticos, como se han abolido los términos y símbolos franquistas, ya que es un vocablo del más puro totalitarismo. Sin embargo  abolir las corridas de toro, cuando no ¡muerte al Borbón o al Clero!, son sentencias bastantes corrientes de escuchar en esos que se denominan demócratas. Es que para muchas personas, el concepto que tienen de la Democracia, es exclusivamente el que se extrae de sus conceptos. ¡Exactamente igual que el de los dictadores! Sus conceptos o ninguno.

¡Hay que luchar por un mundo mejor y más justo! Es la bandera que esgrimen para justificar su totalitarismo disfrazado de progresismo. ¿Y cuál es ese mundo mejor y más justo? La pregunta es obvia. ¡Cual va a ser! El que ellos tienen en sus mentes.

No me cabe la menor duda, que esos que preconizan "un mundo mejor y más justo" saben muy bien, que sólo es posible imponerlo desde la beligerancia. El mundo está lleno de ejemplos, por lo que no hace falta citar nombres.

En Democracia, hay que aceptar todas las ideas por muy adversas que sean, como los usos y las costumbres propias de un pueblo. Será las nuevas corrientes, modas y culturas las que se encargarán de defenestrar aquellas que han quedado obsoletas. Pero abolirlas con sentencias sectarias o partidistas, es al más puro y duro fascismo.

Por lo tanto, ese "mundo mejor y más justo", no consiste en imponer o abolir aquello que creemos que es nocivo por el simple motivo que nos lo parece. Es aquel, en que todos los ciudadanos aceptan  todas las ideas que se contemplan como legítimas en sus leyes, y las respetan, no intentan abolirlas por ellos así lo determinan.

Que sea el consenso, la razón y el diálogo los que se encarguen de depurar las cosas. No "las purgas" de los que quieren imponer sus razones.