No voy a menospreciar los conceptos que se tienen de lo que se denominan valores humanos, y que han servido de referencias sociales en las civilizaciones cultas y modernas.

Cada persona tendrá los suyos, pero lo que tengo muy claro, es que hay preceptos que son valores universales y que están muy por encima de las ideas y de las religiones.

El dilema se plantea en torno a si el "fin justifica o no los medios". Si "todo vale" para conseguir los objetivos, irremisiblemente la sociedad que acepte ese sistema se autodestruirá. Y digo que de destruirá, porque lo primero que hará será destruir todo aquello que se contraponga a sus proyectos. Y la historia ha demostrado a lo largo de sus existencia, que todos los pueblos que ha exterminado a otros, han acabado fagocitados.

Sólo es posible cambiar los conceptos sociales, cuando son un clamor popular el cambiarlos. Pero cuando una sociedad está divida, o camina entre el progresismo y el conservadurismo, como es la nuestra; el gobernar menospreciando los valores de una parte de la sociedad, indefectiblemente desemboca en la beligerancia.

El señor Zapatero y sus adláteres pretenden fundar una sociedad basada única y exclusivamente en los que ellos "y sus creyentes" creen como base de una sociedad progresista; menospreciando todas ideas que portan la otra mitad de los "no creyentes", que consideran, que, los conceptos basados en la ética, la moral y el honor, son los que deben regir una sociedad sana.

Once millones, entre veintidós millones de personas, no son un clamor popular para instaurar un sistema, modelo paradójicamente apoyado por intereses espurios. Por lo tanto, lo que pretende establecer en España el señor Zapatero, sólo puede acabar como "el Rosario de la Aurora".