De mi primer trabajo en aquel hotel (1953) (Hotel Emperatriz de Madrid)
Como no quise más estudiar
y tampoco hacer bachiller,
mi padre me puso a "currar",
en aquel elegante hotel.
En mal sitio fui a parar,
me partieron un brazo sin querer. *
Poco más puedo recordar
de aquella etapa de botones,
ya que nada pude abordar,
y no quedaron más razones
que aquel tiempo olvidar,
al dejar allí de "currelar".
* Allí tuve mi primer accidente laboral, jugando con otro compañero me rompió el humero del brazo izquierdo.
De mi paso por Uralita (1954) (Empresa de materiales de construcción donde entré de botones)
¡Lástima de cinco años perdidos!
¿Es que no tenía las ideas claras?
¡Cinco años para la diosa Olvido!
Fue un cúmulo de enormes taras
períodos que no fueron de recibo;
al recordarlos se me cae la cara.
Un jefe valenciano, de mala geta
con dos dedos de mano mutilados,
impidió que no consiguiera la meta
que todavía no me había trazado.
Mis sueños de cantante y poeta,
me tenían el futuro amordazado.
Recuerdo a las que llamaba señoritas;
más de una seguro que conmigo soñó:
y si...no.... deshojando la margarita,
posiblemente ardientemente "se turbó".
Como la mancha de mora con otra se quita,
con sus dedos aquel fragor sin duda apagó.
Como quiero ser veraz y sincero,
no falsear nada en este ensayo,
y mentir ¡no quiero... no quiero!,
de tanto pensar en Pilar Carballo,*
y en aquellas de piernas "de cuero"
"la manos las tenía llenas de callos!.
Y de ti José Luis, que puede decir,
¡Lastima que yo no fuera mariquita!
Se que estabas por mi en un sin vivir,
y aunque eras devoto de Santa Rita,
y tu condición de hombre te hacia sufrir,
por aquel tafanario de aspecto sodomita.
* No espero que me lea Pilar. Y si me lee, no creo que se enfade por lo que lea. Pero es que estabas muy buena "joia". Un besazo.
Aunque mis recuerdos de mi paso por Uralita son borrascosos, si guardo un cariño afectuoso por José Luis, ya que siempre estuvo presto a defenderme de aquel valenciano (que le faltaban dos dedos de una mano). Si me lees José Luis, y vives, porque ya andarás por los ochenta, un cariñoso saludo.
De mis sueños de púber (Sueños normales de un niño de esa edad: 12/15 años)
¡Sueños de púber, sueños de infante!
¡Quién a los quince años no "mojó la cama"!
Sueños impuros, sueños de caballero andante,
quimeras y pesadillas; cábalas y tramas;
espada en la mente y el corazón desafiante
para conseguir los favores de aquella dama.
Rosita se llama, por Rosita mi alma clama,
desde la estación de Ventas hasta Retiro,
de aquel metro que tomo toda la semana
en silencio la miro, y en silencio suspiro.
Por su desamor mis ojos lágrimas derraman
y a punto estuve un día "de pegarme un tiro".
También soñaba con ser matador de toros;
capote, estoque y muleta eran mis amuletos;
me veía vestido en las Ventas de grana y oro
abordando el mas excitante desafiante reto.
Me despierto sudoso, con apatía me incorporo;
otro fracaso de adolescente en mi alma meto.
De mi poluciones nocturnas ¡Quien a los 15 años no derramó sus ansias en la cama, por no temer una dama que con amor recogiera en sus entrañas aquella derrama!
¡Cuántas veces, cuántas!
derramé al albur mi polución
¡Tantas mozas, tantas!
hubieran deseado a la sazón
ser las sábanas y mantas
para engendrar el corazón.
"De las que se me fueron vivas" (Las niñas que se me insinuaron, y yo sin oler ni ver sus deseos. Con todos mis respetos a sus memorias)
Recordar el sexo que a esa edad emana,
me produce una sensación agridulce.
¡Cuántas y cuántas mozas tempranas!
que a mis amores con ardor seduje,
"mis dotes" hubieran deseado con ganas.
¡Qué se me insinuaron, nunca supuse!
Despertar al sexo en los años cincuenta
sin conocer el pensamiento femenino,
sin saber de la "sal y de la pimienta"
que llevan en el "torrente sanguino".
A la sazón no me daba ni cuenta,
que a esa edad padecen "furor uterino".
Recuerdo con emoción aquel atardecer;
mis belfos picados por herpes labial,
aquella niña preciosa de nombre Isabel,
me invitaba con amor a aquel saturnal*
y yo, como un triste e inocente curiel**
no supe deleitarme de aquel festival.
* Orgía desenfrenada.
** Conejillo de indias.
¡Cinco rosas en mi rosaleda crecieron!
Isabel y su corte de cinco doncellas,
sus aromas más íntimos me ofrecieron,
¡y yo, mirando al cielo y las estrellas!
Y aquellas "ninfas" irritadas se fueron;
en su honor. (Y también en sus mamellas)
Como un hermoso efebo me trataron,
¡Oh, poder de la inocencia candorosa!
ellas en enaguas, se me quedaron
a punto de eclosionar sus rosas,
y "mi nardo" sin saber que se mudaron,
allí quedó marchito... como una broza.
¡Cuantas mozas pedían placer con sus miradas!
Esperando del galán, ser dulcemente penetradas.
Que aquello que se esconde debajo de la braga
es un dios que hay que adorar hasta la alborada
y sin mácula conservar hasta la "noche maga".
¡Pero que ingenuos; los de aquella hornada!
Recuerdo mi sexualidad sin orgullo,
y me sigue resultando vergonzoso;
por mi cruzando "aquellos capullos"
y yo, creyendo que el amor es un gozo
que se debe hacer en paz, "sin barullo".
¡Pero que idealista era de mozo!
Y aunque "aquello se erguía y erguía"
con ansías irritadas acción solicitaba,
y sabiendo un servidor para que servía
(pues a diario casi me masturbaba)
aquello que tan misterioso me parecía...
pensaba, que hacerlo era una grosería.
¡Misterios de la Naturaleza humana!
que la educación era la fuente del amor,
que era pecado mortal ir con "fulanas",
que el verdadero placer lo da el candor;
que "fornicar" es para mentes insanas;
pero prohibido para un hombre de honor.
¡Qué momento, qué momento se fue!
Fui cual don Mendo con Magdalena
en vez de un Tenorio con doña Inés.
¿Qué ahora te da tristeza y pena?
No llores ni suspires. Resígnate.
¡Cuánto me acuerdo de aquellas nenas!


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