Me baso para escribir este artículo en dos casos: En el de este sevillano que ha sido absuelto después de once denuncias de su mujer por maltratos, y que ha estado en la cárcel; y en el de un pariente muy cercano, más inocente y cándido que una paloma,  que está viviendo un infierno por culpa de su ex mujer, que lo tiene mártir y esclavo de sus caprichos.

Tengo muy claro, que, todo aquel que maltrata a una mujer, debe ser severamente condenado y repudiado por la sociedad. ¿Pero que se debe hacer con las mujeres que ante una coyuntura política y social favorable, la aprovechan para conseguir de sus parejas o ex parejas beneficios personales recurriendo a falsedades?

¿O es que haya alguien que no crea o ignore, que hay mujeres capaces de maquinar las mayores aberraciones para deshacerse de sus maridos o parejas por motivos puramente personales?

Repudio al hombre que maltrata a una mujer, y mi mayor desprecio para aquellos que la única solución para sus matrimonios son los maltratos; pero también repudio a las mujeres, que como la de mi pariente cercano, aprovechan una ley que les favorece, sin complejos y de formas sibilinas, como aquellas Mesalina y Livia, que dicen envenenaron a sus Césares y Emperadores maridos.