Un buen presidente de gobierno, conoce perfectamente cual son los problemas fundamentales del país que gobierna, y dedica su política y esfuerzo a solucionarlos.

Un mal presidente de gobierno, no conoce los problemas fundamentales, y si los conoce los soslaya, dando prioridad a los problemas accesorios que afectan a sus ideas y a sus proyectos.

Había que aclarar, que es un problema fundamental y que es un problema accesorio, para entender mejor mi razonamiento:

Problema fundamental: aquel que afecta en sus aspectos más básicos al conjunto de los ciudadanos sin distinción de credos. Por ejemplo: Seguridad, trabajo, educación y bienestar general.

Problema accesorio: aquel que sólo afecta a un segmento de la población, y que no es vital para la supervivencia de todos los individuos de una sociedad. Por ejemplo: aborto, libertad sexual, religión, y otros de dudosa interpretación técnica o científica.

Un buen presidente sabe perfectamente rodearse de los más expertos especialistas en todas las materias del estado; y como programar a corto, medio y largo plazo los objetivos comunes que engrandezcan la nación que gobierna.

Un mal presidente, se rodea de colaboradores mediocres que su única misión sea la de seguir sus consignas. Por lo tanto, nunca nombrará ministros que puedan poner en entredicho sus decisiones, por unos criterios más inteligentes.

Un buen presidente de gobierno tomará decisiones impopulares en base a unas razones que desconocen los ciudadanos, pero él cree las adecuados, y se equivoca en una decisión trascendental, lo más probable es que dimita.

Un mal presidente, jamás tomará decisiones impopulares que afecten a su prestigio personal. Soslayará los temas delicados y que afecten a los ciudadanos, con retóricas apropiadas a cada caso.

Un buen gobernante gobierna para las generaciones venideras. Uno malo, con vista a las próximas elecciones generales.

Un buen gobernante sabe prever a medio y largo plazo, el clima socio económico en que se desenvolverá el mundo que le rodea. Y toma las medidas necesarias para evitar que le afecte a su país lo menos posible.

Un mal gobernante ignora por donde irá el mundo a medio o largo plazo. Y si lo sabe, y es negativo, evitará a toda costa que trascienda a sus gobernados, recurriendo a martingalas; ya que no sabe que medidas tomar para evitar lo que se avecina.

Un buen presidente de gobierno sabe perfectamente que las medidas que tome, aunque no satisfagan a un sector de la población, por lo tanto impopulares; son necesarias para que redunden en beneficio de todos a medio plazo.

Un mal presidente, sólo busca el corto plazo de sus decisiones. Necesariamente decide sobre aquellos aspectos que le demandan sus votantes, no del interés general.

Un buen presidente de gobierno, afronta sus decisiones, pensando en el bien colectivo del país que gobierna.

Un mal presidente, toma sus decisiones pensando en el bien de su partido.

Un buen presidente de gobierno tiene muy clara la idea del concepto de una nación.

Un mal presidente duda de ese concepto; y hasta de la misma que gobierna.

Podría seguir enumerando aspectos entre un buen y un mal gobernante, pero creo que son suficientes para comparar a un buen presidente de gobierno, de otro mediocre.