Debo aclarar que un servidor no va a misa, por lo que esta opinión es totalmente extraída de la lógica de los hechos, no de mis particulares puntos de vista sobre las cosas del clero.

Que España es un país tradicionalmente católico, apostólico y romano, nadie lo duda, pero que a muchos "les jode", tampoco nadie la duda. Hace unos setenta años ya quisieron cargarse todo lo que oliera incienso o llevara habito o sotana. Se cuenta que los que antecesores de los quieren prohibir los toros en Cataluña, hacían más masacres con los curas y monjas, que José Tomás en Barcelona con un vitorino.

A mi no me resulta nada extraño creer, que si ERC o el PC de España tuvieran el poder absoluto de la Nación, la Iglesia Católica desaparecería más rápido que lo que se tarda en hervir un espárrago, pero desgraciadamente, (para ellos ¡claro!) son minoría, y a nivel nacional y saben perfectamente que hoy por hoy es imposible realizar ese pensamiento.

El verdadero meollo de las cuestiones de la política, radica en porqué molesta las acciones de los demás; en la intolerancia hacia costumbres que no se admiten, y en el odio ¿o la envidia? a lo que aún en su legitimidad no se acepta por motivos personales.

Y la respuesta está en el totalitarismo. Hoy día en España, existen minoría de izquierdas que están luchando como si fueran ¡el clamor de un pueblo! Porque desaparezca de la sociedad lo que a "sus santas pelotas" les molesta. ¡Si, si! Me refiero a vosotros, a los que llamáis "fachas" a todo aquel que se contraponga a vuestros dictados.

Pero lo más triste y grave, es que el sistema se lo consiente. Ya lo dijo un filósofo fundamentalista islámico cuyo nombre no recuerdo: "La democracia occidental es nuestra mejor arma para que derribemos sus sistemas".

Ese es el gran fallo de las democracias, que hasta "una pulga" puede "picar los cerebros" de todo un pueblo. 180.000 firmas sobre un total de 45 millones, es decir: el 0.4% de los españoles ha sido suficiente para cuestionar las corridas de toros en España.

Pero este es el sistema que tenemos, por cierto muy cómodo para millones de personas, (la llamada mayoría silenciosa) que prefieren estar calladitos y asumir todo lo que les venga como irremediable, antes que plantar cara a los que desde sus intolerancias pretenden imponer sus exigencias.

¡Jodámosnos pues, hermanos!