
Dentro de poco los dieciocho cumpliría
cuando conocí a la que dijo llamarse Diana,
pero su nombre verdadero era Maria.
Paul Anka y aquella canción de fama,
posiblemente le cautivaría
por eso apodarse "Diana", le dio la gana.
Nuestros besos eran puros y castos
y aunque mis recuerdos ya menguan,
decía Diana, que eran muy bastos
los besos apasionados con lengua;
un servidor no daba abasto
besando aquellos labios sin tregua.
Guapa era la moza, ¡Guapa, si señor!
pero flaca y piernas "de madero". *
Pero en sus labios, un cálido candor,
¡Por eso fui tan majadero!
Me ahogué en los efluvios de su olor
y aquel amor se fue por un sumidero.
* Piernas muy delgadas y rectas, como un palo.
Me la pegó la muy mala con un torero.
Emilio, creo recordar que se llamaba,
un disgusto me costó, os soy sincero.
¡Donde fueron aquellos besos que le daba!
¡Dónde fueron Diana, aquellos te quiero!
Mi amor a su puerta ya no llamaba.
¡Ay de esos amoríos de mocedad!
en aquellos años tan sombríos;
hervía la sangre debido a la edad
todo era ardor, ¡Qué poderío!
Y las mozas con su virginidad
no bebían el agua "de aquel río".
Pero veinte años más tarde
(la de vueltas que da la vida)
la niña Diana hizo un alarde:
(pues era muy extrovertida)
intentó a "este moreno" ligarle,
un día por aquella avenida.
Casada y con dos doncellas,
me habló de su matrimonio,
y de sus continuas querellas,
mas propias de manicomio
"Ya no veía las estrellas";
ese fue su testimonio.
¡Qué gran verdad!
segundas partes no son buenas,
se torna en oscuridad,
la luz que iluminó aquella escena;
aquella moza de extraña beldad
¡Hoy ya no merecía la pena!
La niña quiso revivir,
los besos de lontananza,
y lamento mucho decir,
que la que me tuvo en danza
hoy no me pudo uncir:
las cañas se tornaron lanzas.
¡Qué distinto saben los besos
de aquella que todo era aroma!
recordar me pone el vello tieso
lo digo en serio, no es broma,
aquella boca de embeleso,
mis ínfulas ya no retoman.
¿Recuerdas en Pavillón?
Te llevé a ver a Paul Anka
para escuchar aquella canción
que hasta "las trancas"
me llena tu cara de emoción,
y suspiros me arrancas.
¡Ay Diana María!
que será hoy de ti.
¡Pero que bonito parecía!
¿A que sí?
Volver allí me gustaría;
Por mis 18 años. No por ti.
Eres un vago recuerdo, Diana,
mi primer amor de juventud.
Dicen, que más pasión desgrana;
pero aseguro sin acritud,
que el amor que más calor derrama,
es el que se alcanza en la plenitud.


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