Las leyes españolas consideran pederasta al que yaciere con menor de edad aún con el consentimiento explícito de los mismos. Un servidor está muy de acuerdo con esa ley, ya que la pederastia es una de las aberraciones sexuales que más abomino; seducir a una o un menor de edad con fines sexuales, me parece ignominioso.
Pero yacer con una o un mayor de edad ya no es delito, siempre que sea con el consentimiento mutuo de ambos, y no exista intimidación ni violencia, entonces ya sería otro delito repugnante: violación.
Resulta que una vecinita, muy mona, pero más salida que una mona, desde hace tiempo me tira los tejos de una forma tan descarada, que he tenido que tomar medidas muy drásticas para no encontrarme con ella en la calle, escalera o ascensor; ya que tiene 17 años ¡Bueno, tenía! Ya tiene 18 años; y era además de una terrible tentación y enorme peligro para mi fama de persona seria y formal de que gozo en el barrio.
Pero miren que hace unos días me la encontré donde jamás hubiera pensado encontrarla, en una copistería de la Puerta del Sol de Madrid, a donde fui a fotocopiar mi último libro titulado: Contrato con treta.
En ese momento ella, estaba fotocopiando su documento nacional de identidad, y al verme, no pudo evitar poner una cara de sorprendida positivamente, me dijo así, sin más.
-Ya puedes.
Me quedé como sorprendido. A pesar de ser un hombre de respuestas rápidas, por lo que tardé un buen rato en decir...
-¿Qué es lo que puedo?
-Lee la fecha, me dijo a la vez que me daba el documento.
-28 de Marzo de 1992 rezaba donde ponía: fecha de nacimiento.
-¡Bien! ¿Y qué?
-Que ya puedes.
-¡Pero que coj...... puedo¡ Le dije algo molesto.
-Follarme... No ves que desde ayer soy mayor de edad.
Me quedé más agilipollado que cuando a los 13 años me dijo Carmencita, una niña de mi edad a la sazón, que si quería jugar con ella a los papás y a las mamás.
Hasta tuve que sacar la calculadora, ya que los nervios no me dejaban calcular si del 28 de Marzo de 1998 al 29 de Marzo de 2010 habían pasado 18 años y un día.
Me tomó del brazo sin más, y me llevó a unos apartamentos de la calle del Príncipe, muy cerca de allí. Me confesó que "le molaban" los maduros guapos.
En un par de horas hicimos el amor apasionadamente. Pero lo que me frustró un poco, es que esperaba romper un virguito.
-¡Si, si. Y una mierda!
Aquello entró como Perico por su casa. Pero después me alegré, ya que de haberla desvirgado un servidor, hubiera supuesto un precedente, que posiblemente le hubiera marcado.
Pero lo que si me jode, es que cuando ahora nos cruzamos por la escalera, me insinúo, pero la muy p.... me hace la pedorreta.
No soy pederasta por un día. (Es un cuento, ¡eh!)
29 mar 10 Autor: félix- Posts (RSS)
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