No se rían por favor, que tengo un problema tan angustioso que me puede costar el matrimonio: el no poder evitar tirar pedos en la cama, y lo peor, que son "pedos rebozados" que huelen a mil rayos.

Tengo la costumbre de evacuar el vientre inmediatamente recién levantado. He intentado cambiar este ritmo a las diez de la noche, con el fin de acostarme con el vientre defecado, y evitar esos olorosos cuescos que a mi mujer tanto asco le dan, y que me has puesto un ultimátum, pero por más que lo intento y hago fuerzas, imposible.

 -Mira Félix: o dejas de tirar esos pedos, o no duermo más contigo. Me dijo una noche.

Generalmente me suelo acostar antes que mi mujer; ya se sabe del ritual de las mujeres antes de acostarse: se tienen que desprender de todos los potingues que han configurado sus rostros durante el día; y eso a la mía le lleva como una media hora, tiempo suficiente para que haya caldeado la alcoba de tal manera, que cuando entra se tiene que ir al salón hasta "que pase la tormenta".

Mi mujer es muy "asquerosa" hasta tal punto le dan repulsión ciertas cosas, no he conseguido en los años que llevamos casados "que me la chupe", dice que es superior a sus fuerzas. Una vez a base de mucho insistir, conseguí que accediera a hacerme una mamadita, pero estando su boca a menos de un centímetro de mi polla, le sobrevinieron unas arcadas que casi echa toda la cena por la boca.

-¿Qué te pasa cariño?

-Que huele muy mal. Huele como a sardinas.

Debo aclarar, que olía a polla, olor natural de la polla, no a "requesón" como suelen oler la de los tíos guarros que no se la lavan. Y un servidor es de calzoncillo diario.

-Mi amor: a mi me encanta como huele tu coño, naturalmente me refiero a su olor natural, y no me da asco, al contrario, me excita.

-Pues eso es de cochinios. Los olores corporales son una cochinada.

 En ese preciso momento me sobrevino un pedo tan descomunal, que me fue imposible evitar. ¡Joder que pedo! Uno de los más hermosos que han salido de mi ano. Al momento el tálamo del amor se inundó de unas fragancia mezcla de repollo, coliflor y judías pintas. ¿Ustedes se imaginan como se puede hacer el amor con una mujer que dice que la polla huele a sardinas, y que no soporta el olor de los pedos de su marido?

El rostro de Mari (mi señora se llama así) se desfiguró por completo; aquel rostro tan bello, se transformo en algo feo, compuso una mueca tan grotesca, que al punto comprendí los efectos tan negativos que hacían en su alma y corazón los efluvios corporales de su marido.

He de aclarar, que esta situación (la de los pedos) me sobrevino a los cinco o seis años de casados, antes no me peía en la cama como ahora, por lo que no había problema, pero algo cambió en mis intestinos que se convirtieron en una maquina de titar pedos.

Le pregunte a mi padre si había algún precedente en la familia, y me dijo:

-Si hijo si. Nuestra familia es una familia de pedorros.- Y me contó la siguiente anécdota:

-Recuerdo que tendría unos doce años, iba mi padre (mi abuelo) montado en un mulo, y yo (mi padre) a unos dos o tres metros por detrás jugando con una vara de olivo. De pronto se oyó tal pedo que me asusto, y dije:

-Padre, quien ha sido ¿Usted o el mulo?

-Yo hijo, ¿Porqué lo dices?

-No por nada, es que me parecía muy gordo para ser del mulo

Es cierto, recuerdo de niños a mi hermano José Antonio, como se tiraba tales descomunales pedos, y que el vecino del tabique de al lado de la habitación que dormíamos gritaba:

¡Animal!

Como intuía que el problema que se generaba en mi vientre era un obstáculo muy serio para la buena marcha de mi matrimonio, consulté a mi doctora de cabecera. Me dio unas pastillas, pero el efecto que me producía era tal dolor de tripas y una cagalera, que al ser el remedio peor que la enfermedad dejé de tomarlas. Por lo que el problema persiste, y lo peor: acentuado por la edad. Mis pedos son cada vez más olorosos.

No se rían por favor, que mi problema es muy grave. Amo a mi mujer por encima de todas las cosas, hasta el punto que he renunciado a dormir en la habitación de matrimonio, con el fin de no inundarla de las "fragancias de mi ojete". Y no dormir con la mujer que amas, abrazarla, besarla y echar esos "polvazos" que solíamos echar, es un tormento que se me hace cada día más insoportable.

Estoy atravesando una terrible crisis matrimonial por culpa de mis pedos.

-¡Y que quieren que yo le haga! Sino los puede evitar.

Mi pregunta es la siguiente: ¿Debe estar el amor supeditado a los pedos de los cónyuges?